Corría el año 2007. Mi madre, Betty Higuera, decidió abrir una pequeña tienda en el Mercado de Nuestra Señora de África (nuestra querida "Recova" de Santa Cruz) con una idea que, para la época, sonaba a locura total: vender únicamente vino canario.
La gente se partía de risa. "¡Pero Betty, estás loca!", le decían. Y es que, en aquella época, los vinos de las islas eran los grandes olvidados. Era mil veces más fácil y barato vender los vinos de fuera, sobre todo porque el paladar de la población canaria ya estaba más que acostumbrado a las grandes superficies y a las D.O. de renombre con producciones kilométricas.
¿Y qué hizo ella?
No les hizo ni caso.
Yo solo tenía once añitos, pero recuerdo perfectamente verla defender, botella por botella, lo que en casa ya sabíamos de sobra: que aquí se hacen vinos únicos que no se replican en ningún otro rincón del planeta. Esa pasión se me metió tan adentro que a los 19 ya lo tenía claro: ¡yo quería estudiar vinos y agricultura! Quería ser como ella.
Años después, nos enamoramos perdidamente del Mercado de Vegueta en Las Palmas, y en el 2021 nos lanzamos a abrir nuestra segunda tienda.
Hoy, entre las dos, tenemos (probablemente) más referencias de vino canario que ningún otro sitio del mundo. Bueno, eso lo dice mi madre, ¡pero yo lo confirmo firmemente! En nuestros estantes hay de todo: bodegas grandes, microbodegas, ediciones limitadas, espumosos, dulces... y auténticas joyas de las que solo se hacen 100 botellas y vuelan en un mes. Si existe en estas islas, lo tenemos. Y si no, ¡te lo buscamos!
Para mí, el vino canario es cultura, tradición, historia y memoria. Es paisaje embotellado que se merece estar en tu mesa por todo lo alto.
Vente a vernos y te lo demostramos.
¡Salud!